viernes, enero 20, 2006

La siguiente jornada

El muchacho se levantó como todas las mañanas a las cinco y media, para alcanzar el bus que lo llevaría al trabajo. No alcanzó a comer ni un bocado. Salió apurado y corriendo, debía cruzar un río antes de llegar hasta el bus. Su madre le obsequió un "apúrate hijo" antes de marcharse.
En su mente, aun nublada por el cansancio y sueño constante, solo podía pensar en correr, ...nada más que correr, casi por inercia, casi un reflejo autocondicionado ante la desesperación... correr...
Mientras cruzaba el río se vió en el reflejo de sus aguas, le parecía espantosa la tranquilidad. Solo debía apurarse, pero lo único que quería era descansar.
El cielo estaba nublado, sin embargo podía sentirse el hielo que precede a un día caluroso, ese hielo húmedo que llega hasta los huesos.
Casi no llega, el bus no espera a nadie. Una vez adentro calmó sus ánimos, se sentó sólo, para dormir, como era de costumbre en el viaje de ida. Pero de pronto sus ánimos llenaron su espíritu, de tal modo que no consiguió conciliar el sueño pensando en la cosecha. Se imaginaba a sí mismo entregando las bandejas por montones, mientras esuchaba la cumbia que siempre sonaba en el bus.
Sin darse cuenta llegaron, y el muchacho sintió un poco de adrenalina recorriéndo todo su cuerpo.
El lugar estaba lleno como de costumbre, nada que hacer más que esperar en la fila...
Recibió su atril, el último que entregaron, y escuchó las instrucciones de su jefe. -Vamos a las frambuesas- le dijo, en ese momento sintió una impotencia que lo aturdió.
Ya no le interesaba esforzarse, tenía claro que no ganaría más que cansancio y rabia mientras más lo hiciera.
No consiguió entender las razones, en su mente solo rondaba una frase: "voy a perder la mañana".

Con sus manos entumecidas llevó su atril a la faena. El rocío empapó sus pies con el pasto largo y no pasó mucho rato antes de quedar completamente mojado entre las matas. Ni el frío sentía, ...solo le molestaba el paso del tiempo.
No consiguió más que trecientos pesos esa mañana.
Durante la colación casi olvidó lo mal que le había ido, mientras hablaba con una muchacha que había conocido el día anterior. Entonces escuchó algo que haría cambiar completamente la expresión de su rostro... Irían a los arándanos.
Eran ya más de la una, ya no quedaba rastro alguno del frío inmenso de la mañana, solo se hacía sentir el agobiante sol de mediodía.
El muchacho salió animado a trabajar, solo pensaba en recuperar la mañana perdida.
Una vez llegado al lugar de la cosecha, se dispuso a comenzar. Su chaqueta poco abrigadora ante el frío, pero si muy calurosa con el sol, ya le estaba pasando la cuenta.
Se la ató al cuello para proteger su espalda de sus irientes rayos, aunque sea un poco. No le sirvió de mucho.
Recién había entregado su primera bandeja, cuando una gota de cansancio recorrió todo su rostro.
El calor era abrumante, sintió gran desesperación al punto de casi salir corriendo de ese lugar, sin rumbo, solo por correr, pero pudo contenerlo...
De pronto su oido captó algo en medio de todas las voces, su cerebro no logró persibirlo en ese preciso instante, concentrado en cosechar distinguió al rato un pequeño diálogo, -¿cuántas llevas?- dijo un chico, -como seis noma, ando medio lento- respondió el joven. Entonces el muchacho se incorporó, y lentamente giró su rostro en dirección a su bandeja,... era apenas la segunda.
No pasó mucho rato antes de que se escuche un: "¡comiencen a completar nomás!".
...esa frase que apenas lograba oir, retumbó con gran fuerza en la cabeza del muchacho. No podía hacer nada, solo debía apurarse para terminar su segunda bandeja.
Mientras llenaba desesperado sus posillos, la frase hacía eco en sus oidos.
Con la ayuda de su supervisor, a duras penas consiguió llenar esa, su segunda bandeja.
Luego de anotarla en el acopio, se dirigió cabizbajo para esperar el bus de regreso.
No era capaz de perdonarse, nisiquiera sabía de que culparse, pero debía culpar a algo o a alguien...
Ese viaje de regreso duró el tiempo de dos viajes...
En su casa luego de bañarse y tomar once, fue a acostarse pensando en la siguiente jornada...

5 Comentarios:

Blogger Jxan Pablo said...

sigo diciendo weon! no vale la penaa!! jajajajajaja

1:23 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

ups, me dio penita; espero que tu esfuerzo tenga recompensa, que segura la tendrás (recuerda que no todo es dinero)
un abrazo
Claudia

12:19 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

=(
eso no maaa...
Natalia!!

12:03 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

e victooorr!
lo ase el ocio wn la cagai
jajaja
pero weno en fin...
sigue llenando mas weas pa q kee mas bkn ps
y algun dia te sientas orgulloso de tu obra jajajajaj
ia xaoop
ns vemos! y wea

3:33 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me alegro que renunciaras a tu vida con los arandanos, ahora podras dedicarte a jugar a la pelota, pq Dios te hizo para correr tras un balon no para que los arandanos te persigan a tí.. y sige cumpliendo tu sueño y recuerda que la vida no es más que una cocacola de cien.. mish !!

1:20 a. m.  

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